viernes, 4 de junio de 2010

Una vez más

En una época de muchos cambios para mí, espero que uno de ellos sea volver a mi pasión por escribir porque sí. Escribir para mí y para la gente, porque también me mueve tocar alguna fibra ajena aunque no me entere. Entremedio hay reconocimiento y la satisfacción de haber ayudado a alguien de alguna manera u otra.

Quitando todo eso de lado, hoy me gustaría escribir sobre lo que puse bien bien al principio, los cambios.

Si bien lo único constante es el cambio, y por tanto sería un oxímoron hablar del cambio en esta columna que queda como archivo, estancada en el tiempo, rígida, sí me gustaría ahondar en ciertos aspectos.

- El cambio transforma; la transformación no necesariamente cambia

Es básico. Una vez que uno cambia algo, todo el macro y micro entorno se transforma de alguna manera u otra, en mayor o menor medida. Supongamos cambiar de trabajo, dejar con una pareja o comenzar una relación, cambiar de cuenta en el banco, etc. Cambia el salario, los tiempos, las relaciones. Analicen cómo les varían la rutina y las costumbres una vez que realizan un cambio. Hay que reorganizar la agenda, desechar o adquirir nuevas manías, costumbres, gestos, formas de hablar, medios de transporte, rutas diarias, responsabilidades... ¡Tanto!

Al mismo tiempo pasa algo interesante a la inversa: una transformación no genera cambio, sino que es consecuencia de un cambio anterior, el cual se manifiesta luego de la transformación. Entonces reconocemos que el cambio en realidad actúa acorde al siguiente esquema:

CAMBIO - TRANSFORMACIÓN - MANIFESTACIÓN DEL CAMBIO

Casi podríamos decir que el cambio se sustenta en una base teórica hasta que se completa la transformación.

Es claro que los más mínimos destellos de vida atraviesan este mecanismo.

- Los tres factores constantes

En el cambio existen tres factores intrínsecamente relacionados que siempre son afectados: el dinero, el tiempo y las relaciones. Paradójicamente, la naturaleza de estos factores es depredarse entre ellos. La falta o exceso de dinero puede generar conflictos en cualquier relación, tanto familiar como íntima o de amistad; lo mismo sucede con el tiempo y en el caso de las relaciones siempre hay inversión de los dos anteriores, en tal o cual medida cada uno sabrá, pero lo que es seguro es que sea motivo de conflicto.

Los más especuladores dirán: "Pero si el cambio es constante, entonces pasa constantemente. Por ende, los tres factores están siempre afectados, ipso facto, viven en un estado de depredación eterno; en conclusión, siempre estamos en conflicto o al borde del conflicto."

Si bien este enunciado no es del todo errado, encuentro pertinente señalar que el conflicto no tiene necesariamente por qué tener aires de negatividad; todo lo contrario, el entrar en conflicto muchas veces resuelve problemáticas, genera soluciones y crea nuevos caminos con motivos misceláneos. Además el cambio que genera el conflicto, sea de la dimensión que sea, nos ayuda a aprender y crecer, lo que trae al siguiente punto:

- Si el cambio es constante, entonces aprendemos y crecemos todo el tiempo

Es una frase muy simple y hasta obvia, pero la clave de la misma está en realmente darse cuenta de lo que implica y tener el espíritu y cerebro necesario para poder aplicarla en diversos (sino todos) los ámbitos de la vida. Uno suele tropezar o caerse en el camino, además de vencer y alcanzar cimas de auto-realización, pero en la ceguera del momento uno tiende a no absorber el conocimiento, la enseñanza, el por qué de las cosas, y ello, aunque parezca mentira, embarra el desarrollo personal, lo enlentece. Esto, a su vez, hace que perdamos oportunidades que se nos presentan y, de aprovecharlas, nos permitirían llegar a nuestros objetivos más rápido, o directamente llegar.

Por hoy, la vamos a dejar con lo siguiente:


El cambio nos permite ver las cosas desde otra perspectiva.


No hay comentarios:

Publicar un comentario